jueves, 10 de marzo de 2011

Empezó pidiendo tiempo y el espacio que quería era casi exterior...

Me agobio. Agobio a los demás. Lo sé. Pero no puedo hacer mucho para cambiar. Por lo pronto mi habitación está ordenada y he adelantado algo de trabajos. Me agobia la facultad. Me agobia hacer maletas para sólo dos días. Me agobia preparar catequesis y no saber si lo haré bien. Me agobia el hecho de ser tan diferente. me agobia el hecho de ser tan normal. Me agobia todo. Estoy agobiada, ¿se nota? pero qué te voy a decir, probablemente tus problemas sean mayores y los míos son sólo una mínima parte de los tuyos. Pero aun así, me gusta mi desorden y mi agobio, porque son míos. Y es lo que quizá me hace algo especial entre los demás. Un pequeño mundo que se esconde en mi armario desordenado, en mi silla llena de ropa, en mi cama deshecha, en la que he pasado tantos buenos ratos, y tantas noches de pensamientos que intentaba evitar. Me gusta mi maleta abierta en mitad del cuarto y cuando no puedo caminar la meto debajo de mi cama. Sí, ahí debajo debe haber de todo. Pero me gusta. Y siento agobiarte a ti también con todo esto, pero entiende, que en medio de mi desorden, tú eres lo único ordenado que tengo, o que quiero tener. Incluso que necesito tener. Y eso me hace sonreír.

1 comentario:

  1. El desorden será ordenado si sabes perfectamente dónde está cada cosa en medio de ese caos. Tú, o al menos eso creo, sabes a la perfección qué lugar tiene cada cosa.
    ¡Te quiero!

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